‘Extraño a Valentina, supongo que el hecho por el cual me alejé de ella hace cuatro meses no era suficiente, me dejé llevar por el dolor que sentí al verla salir de aquel bar frente a mis ojos de la mano de aquel tipo que ya no recuerdo su nombre, en esa noche en que yo le declararía mi amor eterno y le diría que no existe mujer más bella e inteligente, pero esa noche de esperanzas se ahogó en mi vaso de cerveza y se perdió en el humo de mi cigarro, hoy sobrevivo de mis sueños y mis amigos que me dan un pan para comer y un trago de agua en las noches, sin embargo es bueno estar aquí y aprender, como se aprende de todo, con mis cuadros y mis proyectos escolares, las exposiciones de pintura en los bares, el colectivo, los cineclubs, las noches bohemias fumando marihuana, los días eternos en la escuela de arte, los viajes a la capital para asistir al museo nacional; desearía que Valentina estuviese aquí y compartir todo eso con ella, desearía un día al despertar ella estuviese al borde de mi cama y me dijera que ha venido por mí, que en mi lecho de exilio vale la pena seguir soñando, vale la pena seguir diciendo su nombre y tocando su piel en mis sueños interrumpidos por el sonido del tren de medianoche.’
Cuentos Inconclusos - Luis Mendoza